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Muchas de las actividades que como sociedad realizamos a diario, traen repercusiones negativas en los ecosistemas de nuestro país. Estos impactos, pueden ser mitigados promoviendo la conservación de dichos espacios naturales y las especies que en ellos habitan.

Los proyectos que promueven la siembra de árboles o reforestación de zonas degradadas, como nosotros, son algunos de los proyectos más habituales y efectivos para “compensar” emisiones. Se trata de favorecer los ecosistemas vivos que ayuden a absorber CO2 y, por tanto, a estabilizar las concentraciones de este gas de efecto invernadero a la atmósfera. Además, los árboles tienen un valor estético, sentimental y social que los hace especialmente adecuados para convertirse en símbolos de la “compensación” de emisiones.

Existen cada vez más empresas dedicadas a ofrecer este tipo de “compensación”. Los proyectos de reducción de emisiones que se incluyen como medidas de compensación dentro del llamado marco regulado (es decir, las compensaciones que realizan las empresas que están obligadas a ello por norma, según el Protocolo de Kyoto) son verificados por las Naciones Unidas. Dicho Protocolo ha sensibilizadoa los gobiernos a establecer leyes y políticas para cumplir sus compromisos, a las empresas a tener el medio ambiente en cuenta a la hora de tomar decisiones sobre sus inversiones, y además ha propiciado la creación del mercado del carbono.En cambio, en el marco voluntario, en el que tienen cabida las iniciativas de empresas o particulares que quieren compensar sus emisiones pese a no estar obligados a ello, no hay un control por parte de un órgano certificador. En esta última opción, hay que apostar por entidades o proyectos con un cierto reconocimiento, para tener la seguridad de que realmente el dinero que uno invierte se destina a proyectos reales destinados a la reducción de emisiones reales.

El cambio climático es la mayor amenaza medioambiental a la que se enfrenta nuestro planeta.

Desde la revolución industrial hasta hoy, la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas), que se usan para producir energía, libera gases de efecto invernadero (CO2) a la atmósfera, aumentando la temperatura de la Tierra y provocando una  distorsión en el sistema climático global.

Consecuencias e impactos

* Derretimiento de los glaciares y otras masas de hielos permanentes en todo el planeta (situación que pone en riesgo las más importantes reservas de agua dulce del mundo y que causará la crecida del nivel del mar)

* Incremento de olas de calor, inundaciones y sequías

* Expansión de enfermedades

* Colapso de numerosos ecosistemas como los páramos, que cumplen una función vital para la regulación del ciclo del agua

Nuestra propuesta

Savin The Amazon trabaja para lograr un modelo sostenible y apuesta por una revolución capaz de ayudar a reducir las emisiones de CO2 para evitar un cambio climático fuera de control en el que la opción nuclear esté definitivamente descartada.

Para esto es fundamental un cambio en la forma de producir y usar la energía. La sustitución de fuentes de energía sucias (carbón, gas, nuclear y petróleo) por otras limpias (solar y eólica) necesita: la paralización de los nuevos proyectos de centrales térmicas, el cierre progresivo de las centrales nucleares y el apoyo a las energías renovables.

Los bosques ayudan a regular el clima de la Tierra porque almacenan casi 300 mil millones de toneladas de carbón en sus partes vivas – cerca de 40 veces las emisiones anuales de gas de efecto invernadero de los combustibles fósiles.

Cuando son destruidos por tala o incendios, este carbón es liberado a la atmósfera como el gas de efecto invernadero que cambia el clima, dióxido de carbono. La destrucción de bosques es responsable de hasta una quinta parte de las emisiones mundiales de gas de efecto invernadero – más que todos los aviones, coches, camiones, barcos y trenes del planeta juntos.

Los bosques también regulan el flujo hídrico y las lluvias, así que dependemos de ellos para cultivar nuestras cosechas y alimento. La pérdida de bosque en una parte del mundo puede tener impactos severos en otra; la pérdida forestal en la Amazonia y África Central puede reducir severamente las lluvias en el medio oeste de Estados Unidos, por ejemplo.

Con tantos de los bosques del mundo ya destruidos, necesitamos urgentemente proteger lo que queda. La industria todavía convierte despiadadamente los bosques en productos desechables que terminan en nuestras cestas de la basura – mientras pone a las especies al borde de la extinción, destruyendo las vidas y sustentos de las comunidades forestales y exacerba el cambio climático global.

Ahora es el momento de comprometernos con un futuro energético realmente seguro y sustentable; construido sobre la base de tecnologías limpias y la creación de millones de nuevos puestos de trabajo.